Cuando vender implica proteger conocimiento

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Cuando vender implica proteger conocimiento

En ventas consultivas, el reto no siempre está en generar leads, sino en construir apoyo comercial sin que la empresa pierda el control de su conocimiento clave.

La externalización, como concepto, ofrece ventajas evidentes para muchas organizaciones: acceso inmediato a especialización, flexibilidad, escalabilidad o la posibilidad de dedicar más recursos al core business.
 

Con las ventas, sin embargo, siempre ha existido cierta resistencia a confiar parte del proceso a un tercero. Y es comprensible.
 

Cuando estaba empezando el proyecto de Nexo Atlántico, un cliente potencial me dijo algo que se me quedó grabado: “externalizar nuestras ventas supone externalizar algo tan valioso como nuestro conocimiento”.
Tenía toda la razón. Hacían una venta consultiva compleja y ayudarles comercialmente implicaba acceder, aunque fuera parcialmente, a conocimiento sensible sobre sus soluciones y su forma de trabajar.


La respuesta fácil habría sido hablar de acuerdos de confidencialidad, protección del know-how o propiedad intelectual. Todo eso era lógico, pero no resolvía el problema de verdad. Y es que el temor del cliente no era legal, su temor era perder control sobre la parte más valiosa de su negocio.


Aquel caso nos refrendó algo que ya teníamos claro: la cuestión no es si las ventas son o no externalizables; es entender qué necesita realmente cada empresa y hasta dónde tiene sentido involucrarse en su proceso comercial.


Para aquel cliente, el reto no era generar leads. El problema era que el día a día operativo les impedía dedicar foco al desarrollo comercial de forma estructurada. 
La solución no fue sustituir su conocimiento (sinceramente, tampoco habríamos podido): fue ayudarles a construir acceso, generar oportunidades y ordenar la primera capa comercial, manteniendo ellos el control sobre la parte técnica y consultiva de la venta.


En otras ocasiones, la implicación sí puede abarcar gran parte del ciclo comercial. Y esto ocurre porque no todas las empresas necesitan lo mismo. A veces, estamos tan pendientes del método y la escalabilidad que corremos el riesgo de olvidarnos de algo tan básico.


Probablemente ahí está uno de los mayores errores que seguimos viendo en muchos modelos de outsourcing comercial: intentar aplicar exactamente la misma solución a empresas con necesidades, estructuras y realidades completamente distintas.

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