Tecnología, carne y hueso

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Tecnología, carne y hueso

La tecnología puede acelerar procesos. La confianza sigue construyendo relaciones.

En medio de la lluvia de bots, automatizaciones y atenciones digitales que nos rodean, conviene volver a reclamar el espacio de la carne y el hueso. Y no me malinterpreten: la tecnología nos hace mejores y debemos aprender a utilizarla de forma eficiente, sostenible y consciente. Puede ayudarnos a ser más rápidos, más precisos o más productivos. Puede incluso redefinir parte de nuestro rol. Pero no sustituye aquello que realmente sostiene las relaciones humanas.

Esto también aplica a la venta. Soy el primero que valora, por ejemplo, poder reunirse con un cliente de cualquier punto de Canarias, la Península o fuera del país con todas las facilidades que nos ofrece la tecnología. Pero las relaciones comerciales reales siguen construyéndose desde la confianza, la identidad y-por supuesto- los resultados.

Y en eso, las máquinas pueden ayudarnos mucho. Pero sin criterio, sin contexto y sin un piloto fiable al volante, la tecnología deja de ser una ventaja para convertirse en simple ruido.

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